GUSTAVO EGUSQUIZA ALERTA: “EL ENCARECIMIENTO DEL PETRÓLEO Y LA CAÍDA DEL TURISMO PUEDEN COSTARLE A ESPAÑA HASTA 100.000 EMPLEOS SI NO REACCIONAMOS A TIEMPO”
Uno de los mayores expertos de turismo de lujo del mundo, Gustavo Egusquiza, reclama un pacto de Estado para blindar la competitividad turística española ante la tormenta perfecta de costes energéticos al alza y demanda internacional a la baja
España, uno de los grandes destinos turísticos del mundo, afronta un escenario marcado por el encarecimiento del petróleo y claros signos de desaceleración en la llegada de viajeros internacionales. Según un estudio de Jeroen C. J. M. van den Bergh e Ivana Logar, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona, sobre los efectos del “pico del petróleo” en el turismo español, un shock prolongado en el precio del crudo podría reducir el PIB entre un 0,08% y un 0,38% y destruir entre 20.000 y 100.000 empleos en España, con especial impacto en el transporte, la hotelería y la restauración.
Ante esta coyuntura, Gustavo Egusquiza, consultor de referencia en turismo de lujo y reconocido por la revista Forbes como uno de los mayores expertos del mundo en este segmento, ha planteado una hoja de ruta para proteger la industria turística y sostener el empleo.
1. Un sector clave en el ojo del huracán
El encarecimiento del petróleo sitúa al turismo en la primera línea de impacto: se encarece volar, operar un hotel y poner en marcha cualquier experiencia turística. Los estudios sobre el efecto del precio del crudo en el turismo español señalan que los subsectores más expuestos son el transporte aéreo y marítimo, las agencias de viaje y, en un segundo escalón, la hotelería y la restauración.
España es especialmente vulnerable porque cerca de ocho de cada diez turistas internacionales llegan en avión, lo que convierte el precio del queroseno en un elemento decisivo para la competitividad del destino. Al mismo tiempo, la escalada de los costes energéticos está tensionando las cuentas de resultados: solo en el primer tramo de 2026, las empresas turísticas han visto cómo sus costes ligados al crudo se incrementaban alrededor de un 9%, mientras la factura energética lo hacía por encima del 8%.
2. PIB y empleo, en riesgo
El impacto del encarecimiento del petróleo no es solo sectorial, sino macroeconómico. El turismo aporta más del 12% al PIB y es uno de los principales motores de empleo del país; cualquier shock en costes o en demanda turística se traduce en menos crecimiento y más paro. El riesgo no se limita a perder visitantes. También implica degradar la calidad del empleo, aplazar inversiones estratégicas y reducir el margen de maniobra de buena parte de la planta hotelera y restauradora. Sin un armazón de protección adecuado, las primeras en sufrir serían las pymes del sector y los destinos de interior o de costa menos consolidados, que dependen casi en exclusiva de la actividad turística.
3. El turismo de lujo como motor de resiliencia
En este contexto, el turismo de lujo se perfila como un posible amortiguador de la crisis. El viajero de alto poder adquisitivo es menos sensible a pequeñas variaciones de precio en el billete aéreo y mantiene su capacidad de gasto incluso en entornos inflacionistas. Informes recientes sobre turismo de alto impacto en España destacan que este segmento, aunque minoritario en volumen, concentra una parte desproporcionada del gasto total y contribuye a sostener la rentabilidad de destinos maduros.
Lejos de asociarse únicamente a la ostentación, el turismo de lujo se define por el valor añadido: experiencias auténticas, sostenibilidad verificable, servicio de excelencia y una oferta que combine cultura, gastronomía y naturaleza. Reforzar este segmento —sin renunciar al resto de mercados— permitiría atraer a un visitante que gasta más, permanece más tiempo y diversifica su consumo en el territorio.
4. Medidas urgentes para blindar el sector
Egusquiza plantea un paquete de medidas estructuradas en cuatro ejes:
a) Alivio de costes y fiscalidad inteligente
En un contexto de petróleo caro, se consideran necesarios mecanismos temporales de alivio fiscal sobre la energía para empresas turísticas que acrediten mantenimiento de empleo y planes de inversión. Entre las opciones, se plantea revisar la carga impositiva sobre combustibles y suministros clave durante episodios de shock, condicionando cualquier apoyo a compromisos verificables en materia de empleo, eficiencia energética y sostenibilidad.
b) Diversificación de mercados y de producto
La demanda turística es sensible al precio y los estudios señalan que incrementos en los costes asociados al viaje pueden traducirse en caídas apreciables de la demanda internacional, especialmente en segmentos más ajustados de presupuesto. Para reducir esta vulnerabilidad, se propone diversificar mercados emisores, potenciar la conectividad con destinos de largo radio y reforzar productos de mayor valor añadido: turismo de lujo, turismo rural de alta gama, experiencias gastronómicas singulares, turismo cultural y de naturaleza durante todo el año.
El objetivo es atraer a un viajero que gaste más, prolongue su estancia y valore aquello que España ofrece más allá del binomio sol y playa.
c) Inversión en eficiencia energética y sostenibilidad
Si el petróleo se mantiene en niveles elevados, la única estrategia sostenible pasa por consumir menos y mejor energía. La nota aboga por acelerar la renovación energética de hoteles, restaurantes y equipamientos turísticos, mediante programas de apoyo claros para quienes reduzcan su huella de carbono y su dependencia de combustibles fósiles.
En línea con las nuevas preferencias de demanda, la sostenibilidad deja de ser solo un argumento comercial para convertirse en una condición de viabilidad económica. El turista de alto impacto demanda cada vez más alojamientos eficientes, movilidad baja en emisiones y experiencias alineadas con criterios ESG.
d) Pacto de Estado por el turismo
La situación actual pone de relieve la necesidad de una visión de largo plazo. No es viable seguir gestionando el turismo a golpe de campaña estival o de respuesta a emergencias puntuales. La propuesta central es un pacto de Estado que blinde al sector frente a shocks externos —encarecimiento del petróleo, conflictos geopolíticos, pandemias— y marque una hoja de ruta compartida.
Este pacto debería orientar la inversión en infraestructuras, formación, digitalización, innovación y reposicionamiento de destinos, con la participación de comunidades autónomas, grandes ciudades, patronales, sindicatos y actores clave de la cadena de valor turística.
5. Llamamiento a la acción
El diagnóstico es claro: España se enfrenta a una tormenta perfecta, con petróleo caro, un contexto geopolítico inestable y una competencia turística internacional cada vez más intensa. La inacción tendría un coste elevado en términos de PIB, empleo y reputación como destino.

